Detrás de esta verdadera “revolución comunicacional” no solo está el propio Capitanich, que demuestra ser un buen vocero para un gobierno al borde de una grave crisis económica, sino un equipo de comunicadores nuevos: la Jefatura de Gabinete de Ministros, dirigida ahora por Capitanich, incorporó como vocera a Verónica Lara, que acababa de pasarse de Burson-Marsteller a Llorente & Cuenca para dirigir la práctica de Asuntos Públicos de la filial argentina de esa consultora de origen español.
El formato de conferencia de prensa “informal” que eligió Capitanich prometiendo repetirlas todas las mañanas, permite al funcionario dejar que los periodistas generen su propio “caos” y en ese desorden responder sólo lo que en ese momento le interesa a la agenda del gobierno, lo que en el ámbito periodístico argentino se conoce como “la Gran Corach”. Ese sistema se bautizó así en honor al mediático ministro del Interior de Carlos Menem, Carlos Corach, que sostenía esas desordenadas tenidas de prensa en la puerta de su casa todas las mañanas: dejaba que los periodistas se superpusieran con sus preguntas para “hacer de cuenta” que contestaba aun cuando ni se preguntaba lo que él estaba declarando para imponer agenda en los medios.
Capitanich no solo promete un nuevo estilo, de mayor diálogo con los medios críticos, sino también convertirse en principal fuente de información de un gobierno que hasta ahora se venía destacando por dificultar el acceso a la información y demostrar favoritismo absoluto por los medios oficialistas. Lara declinó hacer declaraciones pero se espera que arme un importante equipo para acompañar a un ministro que será un jefe de Gabinete real, luego de la deslucida gestión de Juan Manuel Abal Medina. Capitanich, además de llevar sobre sus espaldas la suerte del gobierno en evitar una crisis económica, tiene aspiraciones presidenciales, estiman analistas.
Lara ya había sido vocera del Ministerio de Economía con el ahora renunciado Hernán Lorenzino y antes con el ahora vicepresidente Amado Boudou. Es egresada de Relaciones Públicas de la Universidad Kennedy y tiene un master en Comunicación de la Universidad Complutense de Madrid y cuenta con un posgrado en la Universidad de San Andrés sobre la gestión de ONG.
Otro cambio relevante se produjo en el Banco Central. Eduardo De Simone se marchó con la gestión de Mercedes Marcó del Pont, y el nuevo presidente del BCRA, Juan Carlos Fábrega, llevó a su director de comunicación, el ex La Nación José Luis Olivero, que es uno de los voceros del gobierno con mayor experiencia. El otro cargo clave, el del ministro de Economía Axel Kicillof, incorporó a Jessica Rey, una “pingüina” (por su origen de coordinadora de comunicación de la Casa de Santa Cruz en Buenos Aires.