Prudencio, en una columna publicada por la revista PR Week, sostiene que no queda claro que la histórica reanudación de relaciones diplomáticas signifique automáticamente nuevas oportunidades de negocios, en general, y en particular para el sector de las PR.
Desde la sede de Burson, en Miami, Prudencio (que no tiene orígenes en la emigración cubana) estima que habrá que esperar cómo se “aflojan” las regulaciones de Estados Unidos para hacer negocios en Cuba tanto como aguardar qué señales envían a los inversores los hermanos Castro, mandamases absolutos de la isla comunista. Además advierte que los norteamericanos deberán enfrentar a competidores europeos, que ya están instalados en la isla desde hace tiempo.
Prudencio agrega que el panorama comunicacional que encontrarán los inversores en Cuba es similar a un desierto, porque “después de la revolución cubana, en 1959, el régimen castrista trabajó para desandar todo lo que consideraba capitalismo. La publicidad fue lo primero que atacaron, y así desaparecieron hasta los carteles publicitarios de las calles”. El control total sobre la economía y la censura sobre las expresiones políticas aseguraron que solo el gobierno pudiera comunicar algo, explica el director regional de la agencia de PR norteamericana. Agrega que eso no cambió 56 años después de la toma del poder por los Castro. “Lo poco que hay de publicidad no gubernamental está dirigido al turismo extranjero”, agrega, pero destaca que las recientes reformas de Raúl Castro generaron una incipiente clase de pequeños emprendedores que comenzaron primitivamente repartiendo folletos primitivos. Incluso, como gran innovación, destaca que la empresa telefónica estatal edita desde hace dos años una guía telefónica en la que estos microemprendedores pueden anunciar servicios.
Pero Prudencio advierte que es tan escaso el ingreso de los cubanos -20 dólares al mes-, que hoy es inimaginable cualquier campaña de comunicación de producto. Por otra parte, el acceso a Internet y las redes sociales es limitado.
Igualmente visualiza que, luego del histórico acuerdo de reanudación de relaciones con Estados Unidos, Cuba se halla en el mismo estadio que China a fines de los 70: a punto de dar los primeros pasos hacia algún tipo de economía de mercado.
Donde Prudencio ve un rol de las comunicaciones es en que puede servir a las empresas estadounidenses a mostrar por qué pueden aportar algo mejor y más valioso a la economía cubana que sus competidores europeos o canadienses que hacen negocios con el régimen castrista desde hace décadas. Otro rol comunicacional trascendente para esas empresas será, según el CEO de Burson-Marsteller, ayudar al presidente Obama a que el Congreso derogue la ley Helms-Burton que impuso el –inútil- bloqueo económico. (Nota de Revista Imagen: que fue la mejor aliada comunicacional de los Castro durante 50 años para justificar ante el mundo y la sufriente población cubana el rotundo fracaso de su modelo económico).