¿Cómo manejó su comunicación desde que estalló el escándalo? Buscando astutamente ponerse a los ojos del régimen de la presidenta Cristina Kirchner como aliado del gobierno argentino en el objetivo de que Griesa autorice el pago de los cupones custodiados por el Citi. El banco norteamericano logró casi lo imposible: que tanto los medios oficialistas, como Tiempo Argentino, Ambito Financiero o Página 12 lo trataran igual de bien que los críticos, como Clarín, La Nación o El Cronista.
“En todo momento el banco intentó interceder ante Griesa para que le permita pagar los bonos que custodiaba y avalaba la postura argentina de que no debía impedir el pago de los bonos ya reestructurados”, explica una fuente del sector financiero.
Finalmente Griesa, que había aceptado un pago anterior de un cupón, ahora indirectamente impidió pagos futuros, porque se los prohibió a las entidades de clearing Euroclear y Clearstream, sin las cuales el Citi no puede hacer llegar el dinero a sus tenedores de bonos de la deuda argentina.
¿Le sirvió al Citi la estrategia de PR de mostrarse pro-gobierno?
“Cuando el gobierno ve que la imagen de Cristina Kirchner sube un par de puntos cuando arremete contra los buitres, no hay estrategia que valga. Aunque sean pocos puntos, el gobierno cree que electoralmente puede salir ganando, y no te extrañe que lance un ataque generalizado contra la banca extranjera”, dice la fuente del sector financiero. El gobierno también puso en el foco de los medios a la filial argentina del HSBC por las supuestas cuentas de argentinos en su sucursal suiza.
“El Citi y el HSBC le sirven al gobierno para revivir la épica antibuitre y de paso tapar otros temas en los medios, como el caso Nisman o los graves problemas de la economía que dejará el kirchnerismo”, agrega.
De hecho, Argentina tiene la opinión pública por lejos más anticapitalista del mundo, y atacar a los bancos extranjeros resulta “presa fácil” a la hora de buscar efectos populistas.
Al frente de la operación local de PR del Citi está su dircom local, Alejandro Cerviño, y el también argentino, Juan Iramain, director regional de Public Affairs y Comunicación Corporativa, desde Miami. Iramain fue destacado este año con el premio a la excelencia por el Consejo de RR.PP.
Para ambas empresas financieras trabaja la consultora Nueva Comunicación.
La semana pasada el gobierno decidió escalar el conflicto con una medida controvertida con la legalidad, al quitarle la representación legal para operar como representante del banco ante el Central. De ahí a la intervención preanunciada por los medios oficilistas, era solo un paso. En la escalada podría el gobierno incluso quitarle la licencia al Citibank, uno de los bancos más antiguos en operar en Argentina.
Para el Citibank, el ataque del gobierno argentino es meramente simbólico: Buenos Aires es su sucursal más antigua en el exterior. Para la economía argentina la arremetida del gobierno sobre el banco y sus autoridades es otro golpe más para convencer a potenciales inversores de que no traigan un dólar y que deben esperar hasta que se sepa claramente si el kirchnerismo será desalojado del poder en las elecciones presidenciales de octubre.
Por eso la pregunta del momento en el ámbito empresario es si sirve la estrategia Citi, de cooperación con el gobierno argentino hasta el límite del desacato internacional sirve de algo, o si llegó el momento de la estrategia “Shell” (por el valiente planteo solitario de su ex CEO, Juan José Aranguren) que fue en todo momento aferrarse a sus derechos cuando estaba siendo atacada y boicoteada por el gobierno kirchnerista por aumentar sus precios. Por lo pronto a Aranguren, sus pares empresarios lo dejaron solo en el asedio que experimentó durante una década. La empresa finalmente ganó todos los pleitos ante la Justicia argentina.
En el caso del Citi, el empresariado tomó la actitud opuesta: recibió un fuerte respaldo de sus colegas banqueros y de la influyente AEA (Asociación Empresaria Argentina).
¿Llegó el momento de que los empresarios argentinos copien a Aranguren? Las encuestas serias indican que el kirchnerismo será derrotado en las elecciones presidenciales de octubre. Falta poco tiempo. Pero seis meses pueden ser una eternidad para empresas en sectores regulados que dependen de los caprichos de un gobierno dispuesto a cualquier cosa con tal de recuperar un par de puntos de imagen en un país con unaopinión pública definidamente anticapitalista.