
En el reciente escándalo en el Ministerio de Energía de la Argentina que terminó con la renuncia del secretario José Luis Sureda, además de plantearse una crisis de autoridad para el ministro Juan José Aranguren, se desató un debate de principios en el mundo de las PR en torno a cuán coordinada debe estar la comunicación oficial: una suerte de dilema entre “estalinismo de prensa” o “libertad democrática de comunicación”.
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Los RR.PP. y profesionales de la comunicación zanjaron la diferencia en una encuesta de este Update vía Google Forms y se podría decir sin dudar: “entre los RR.PP. ganó claramente el estalinismo”.
Recordemos los hechos:
La crisis –con diferencias de enfoque entre el ministro y un secretario que se venían acumulando- estalló cuando el Ministerio –supuestamente a instancias de su director de Prensa y Difusión, el ex Wall Street Journal Alejandro Bianchi- le negó el acceso a la sede al actual corresponsal de ese matutino norteamericano, Taos Turner, quien pretendía hacer un “off the record” con el ahora ex secretario de Recursos Hidrocarburíferos Sureda.
Más allá de discrepancias sobre la política energética nacional (Sureda dijo que no concuerda con la estrategia de fomentar las reservas no convencionales de Vaca Muerta y a la vez las energías renovables), el diario Perfil reveló que el funcionario renunciado se sintió “humillado” cuando el Ministerio le negó el paso a “mi amigo” Turner aduciendo que la entrevista no estaba pautada con el director de Prensa y Difusión y ni siquiera figuraba en la agenda oficial del secretario.
Aquí Sureda, según el Diario Perfil:
“Sureda indicó que cuando Turner se acreditó en mesa de entrada, «la chica que lo atiende hace una pausa, consulta con el vocero y el vocero le dice que tiene que tener su previa autorización y saber qué preguntas va a hacer, porque esas son las directivas que tiene del ministro (Aranguren) y que no podía entrar hasta que no cumpliera esos requisitos». «Este hombre (por Turner) se fue y no pudo entrar y yo me sentí humillado, esa es la palabra, me parece que ese era un trato no propio de este Gobierno y me parece que en cualquier caso es una agresión inútil».
El ex funcionario calificó este hecho como «una falta de respeto», al tiempo que advirtió que le «dolió mucho más porque no es un intento del momento, un hecho circunstancial, sino que es una decisión de cómo trabajar y eso me parece que es muy malo, a mí me hizo mucho daño».
«Eso hizo decirme que yo no podía seguir así, y esto era algo que yo venía viendo hace un tiempo», sentenció Sureda. En cuanto a la carta de renuncia en la que acusó a Aranguren de ejercer su función con «autoritarismo» y le advirtió que «la libertad ajena» no es «un bien transable», dijo que considera «una infamia» que esa misiva esté en los medio, pero resaltó que «es una carta dura porque la realidad es dura».
Hasta aquí el diario Perfil.
En la encuesta vía e-mail a una base de los principales casi 400 profesionales de PR y Asuntos Públicos de la Argentina, en la que contestaron efectivamente 78, el sector se manifestó de acuerdo en un 51,5 por ciento con que “El ministro y su director de Prensa y Difusión tienen razón en no autorizar la entrada del corresponsal por no haber estado acordada de antemano ni en agenda, porque el ministro tiene todo el derecho a centralizar la comunicación externa de su ministerio”.
El 29,4 por ciento concuerda con la frase “Podría haberse reunido para un off the record fuera del ministerio y no se generaba ningún escándalo”, mientras que apenas el 19 % dijo acordar con la frase “La acusación de Sureda de que el ministro tuvo un comportamiento «estalinista» está justificada porque la comunicación en un gobierno democrático debe ser libre”.
Finalmente la controversia parece haber llegado a su fin cuando esta semana el ministro Aranguren le contestó a su ex funcionario, que reclamaba no ser atendido en su divergente visión de la política energética.
«Estando a cargo del Ministerio de Energía y Minería integro también otro equipo, el del gabinete de ministros, coordinado justamente por un ministro coordinador y dirigido por el Presidente de la República. Por lo tanto es esperable que las ideas y objetivos de un Ministerio deban ajustarse a otros objetivos superiores, que tengan en cuenta no solamente las necesidades del largo plazo, sino también las de la coyuntura”, le contestó Aranguren.
Pero ante las críticas de autoritarismo por el desplante al corresponsal del Wall Street Journal, le contestó: “Coordinar la tarea de prensa no se puede confundir con censura y desde ya repito, como lo hice personalmente el día de la renuncia del Ing. Sureda, que no me enteré del incidente hasta que leí los términos de esa renuncia, por lo que no es cierto que de mi parte se hubiera ordenado impedir el acceso al periodista en cuestión”, aseveró Aranguren en su respuesta publicada en el portal del Ministerio.
“Sin perjuicio de que el entredicho se podría haber resuelto con una simple llamada telefónica, es oportuno destacar que en ningún momento se le solicitó al periodista que adelantara las preguntas que iba a formular”, completó.
De todos modos, para los dircoms, RR.PP. y lobbyistas del sector, Aranguren tiene razón: se le puede llamar “estalinismo” o “coordinación”, pero la centralización de la comunicación gana por sobre el laissez faire, en tanto no sea censura.
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