
Ryanair se vio obligada a cancelar otros 18 mil vuelos esta semana, después de que surgiera a principios del mes pasado que un error en la programación de vacaciones del personal había obligado a la compañía a cancelar el dos por ciento de sus vuelos hasta finales de octubre.
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Unos pocos días después de que se hiciera evidente que el error afectaría a más de 400 mil pasajeros y hasta 50 vuelos por día, el famoso Consejero Delegado de Ryanair, Michael O’Leary, admitió que la aerolínea la había «cagado».
De hecho, en una rueda de prensa organizada a las apuradas, O’Leary se encontró en la muy inusual posición de, como dijo el periódico londinense Metro, «humillarse» en disculpas.
O’Leary tildó algunos de los casilleros del manual de manejo de crisis: aceptó la responsabilidad, se disculpó y lidió con el problema, pero de alguna manera Ryanair pareció estar menos preparado que de costumbre.
O’Leary no apareció ante los medios durante algunos días; y, como todos sabemos, uno siempre debe lidiar con las malas noticias de una sola vez. De ahí que los titulares dañinos se prolongaran durante al menos una semana, perjudicando el precio de las acciones de Ryanair, aseguró el site PRWeek.
En última instancia, no debería ser una crisis determinante para la mayor aerolínea europea (por número de pasajeros) y si Ryanair mejora su complicada relación con los pilotos, esto pronto será olvidado.
Pero fue un raro paso en falso para una firma que ha crecido rápidamente en los últimos 20 años. Incluso hay indicios de grandes desafíos para su exitoso modelo de negocio; entre ellos, la aparición de otra agresiva aerolínea de bajo costo como Norwegian Airlines, que ha ‘robado’ al menos 140 pilotos a Ryanair.
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