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El curioso motivo de por qué el gobierno más desregulador de la historia planetaria quiere la ley de lobby más restrictiva

Con probablemente tan poca suerte como todos los intentos en gobiernos anteriores, entró en la Cámara de Diputados una «Ley de Transparencia y Publicidad de la Gestión de Intereses» que dejó boquiabiertos a los lobbyistas argentinos por su alto nivel de restrictividad, pero también despertó unas cuantas sospechas.

Suena contradictorio, pero junto con la Ley de Lobby, el gobierno propuso eliminar la regulación de los octógonos en los alimentos (para advertir sobre excesos de azúcares, grasas, sales y otros riesgos alimenticios). Esta normativa rige desde el kirchnerismo y funciona en muchos países del mundo como una forma de advertencia para la enorme población con problemas alimentarios sobre los riesgos de ciertos alimentos.

¿Cómo puede ser que justo el gobierno que se autodefine como el más desregulador de la historia lance un nuevo intento de ley para regular el lobby, que además es el proyecto más restrictivo para regular la gestión de intereses? Por lo pronto, el proyecto busca regir no solo sobre el Poder Ejecutivo, sino también sobre el Legislativo, según el proyecto que llegó a Diputados la semana pasada.

¿Cómo se entiende semejante contradicción que de un gobierno tan desregulador  salga un proyecto de ley de lobby tan restrictivo? 

Es mucho más sencillo de lo que parece: los negocios en el gobierno del presidente Javier Milei se concentran en la figura del asesor sin cartera Santiago Caputo, también conocido como el “Mago del Kremlin”. Junto a empresarios amigos, como la familia Neuss, Caputo está interviniendo en todos los negocios y privatizaciones en curso. De aprobarse, esta ley le eliminaría competidores potenciales.

A diferencia de otras propuestas de Ley de Lobby que tampoco prosperaron, este caso no solo obliga a registrar visitas a la Casa Rosada o al Palacio Legislativo, sino toda reunión que incluso se produzca en un café entre un lobista, consultor o un funcionario de una cámara empresaria y un funcionario público. El resultado es que, para hacer negocios, habrá que “hablar con Santiago”, porque Santiago no tiene ninguna función ni mandato, a pesar de ser el segundo más poderoso del gobierno después de la hermanísima Karina Milei.

Las posibilidades de que este proyecto de Ley de Lobby se convierta en ley son tan altas como las de los anteriores proyectos, entre ellos uno que presentó el gobierno de Mauricio Macri que también fracasó.

Solo que este generó mucha más sorpresa: por el espíritu eminentemente desregulador del gobierno libertario, pero también por el extremismo regulatorio de este proyecto.

Inteligentemente, el “Mago del Kremlin” centró su comunicación en que sería una ley propuesta por Washington, donde rige desde hace muchos años una regulación de lobby estricta.

Uno de los lobistas profesionales y más respetados del mercado argentino, Esteban Bicarelli, expresó su sorpresa sobre esta regulación que llega en medio de tantas desregulaciones y no se manifestó demasiado optimista sobre sus posibilidades: “Estoy hace más de 20 años en esta actividad de la gestión de intereses y vi pasar varias de estas propuestas que no fructificaron. Veremos si dan los tiempos para aprobar esta ley. No olvidemos que después del Mundial de Fútbol empieza una nueva carrera política para ver si se da la continuidad del modelo propuesto por el presidente Javier Milei”.

Bicarelli, que tiene como clientes a empresas líderes de capitales estadounidenses entre otros, y fue uno de los intervinientes en el debate del proyecto de Mauricio Macri de regulación de lobby, sostiene que el tema de la regulación de la gestión de intereses no está en la agenda pública.

Pero todo esto depende de los diputados y senadores y habrá que ver si los legisladores mayoritariamente aceptan delegar en asesores sin cartera la exclusividad de conversar con el empresariado. En los círculos de los lobistas “reales” argentinos, le ven tantas chances a este proyecto (que supuestamente habría salido de las oficinas del “Mago del Kremlin”) como a los anteriores proyectos de Macri y De la Rúa.

El “Mago del Kremlin” y una ley de lobbying que lo podría beneficiar

 

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