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Advierten sobre los riesgos del “low profile” de Nidera en la crisis por el presunto “trabajo esclavo”

 

El diario oficialista Página/12, a la cabeza de la operación contra Nidera y el sector agrario

Justo al borde de un nuevo estallido de la «guerra del campo» entre el sector agropecuario y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el gobierno argentino y los medios oficialistas encontraron un talón de aquiles del sector rural: una serie de denuncias de presunto «trabajo esclavo» que tiene como principal protagonista en el ojo de la tormenta a la multinacional semillera Nidera, que se ha manejado con un sorprendente perfil bajo. Expertos en comunicación vinculados al sector agropecuario advierten que la respuesta de baja intensidad tanto de la empresa como de ASA, la asociación de las empresas semilleras, y de todo el sector agropecuario, podría afectar la hasta ahora inmaculada imagen que desarrolló el sector agrario argentino sorteando los embates del gobierno kirchnerista.

El consultor Felipe Noguera, experto en comunicación para el campo, vaticina que la nueva «Guerra del Campo» difícilmente desemboque en algún tipo de acuerdo con el gobierno «porque el mito Kirchner que quiere crear el gobierno haría que cualquier tipo de consenso con los líderes del campo sea un sacrilegio», dijo en una entrevista en La Hora de Maquiavelo. Kirchner, según Noguera, podría eventualmente haber cambiado y haber apuntado a un acuerdo, pero, muerto el «hombre fuerte», Cristina Kirchner difícilmente encuentre la flexibilidad para acordar sin «ensuciar su memoria».

Si bien la denuncia de presunto «trabajo esclavo» encontró amplio eco en los medios oficialistas y mucho menor repercusión en los principales medios formadores de opinión de la Argentina, la empresa contestó tarde y fríamente por comunicados, y la asociación semillera, mediante solicitadas. Incluso en emisiones de TV de canales no oficialistas la empresa cedió el espacio a las denuncias del gobierno y contestó por comunicados de prensa.

«No se animan a salir a hablar, porque hacen lo mismo que muchas empresas en Argentina hoy: aunque tengan mucho para desmentir y explicar, prefieren perder en imagen, pero no enojar al gobierno», explicó un experto en comunicación y asuntos públicos vinculado al sector.

Nidera, que no cuenta ni con consultora ni departamento propio de PR, salió en medio de la emergencia a contratar a la consultora Nueva Comunicación. Al frente de la cuenta está ahora el experimentado Mateo Goretti, un consultor de perfil ultrabajo que, por primera vez, vio publicado su nombre en diarios oficialistas. Lo atacan por su cercanía al gobierno antikirchnerista de Mauricio Macri en la ciudad de Buenos Aires, aunque su consultora tenga abundantes cuentas cercanas al gobierno, como el gobernador chaqueño Jorge Capitanich, numerosas municipalidades kirchneristas y varios de los más encumbrados empresarios amigos del gobierno. De hecho, Goretti es presidente de la Fundación Pensar, vinculada al PRO, el partido liderado por el alcalde Macri.

Para la asociación de semilleros trabaja MCA, la consultora liderada por Silvia Mercado, decana en comunicación del sector agrario, y al frente de la comunicación de la entidad semillera está la ingeniera agrónoma Victoria Manny.

La crisis se inició la semana pasada con una denuncia del ente recaudador AFIP y el ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires por presunto trabajo en negro que no habría sido tal. Nidera contrataba un contingente de trabajadores golondrina de la paupérrima provincia de Santiago del Estero y los mantenía, como es usual en el duro trabajo del campo, durmiendo en containers y sin acceso a baños urbanos.

«En el campo se trabaja así. Hace calor, no hay baños, ni electricidad. Es la forma habitual de trabajo en la mayoría de las actividades agropecuarias», explica la fuente, que destaca que la forma de contratación que había hecho Nidera era usual y estaba en mayor o menor medida en regla.

El trasfondo de la intensa campaña en los medios oficialistas contra Nidera y otras empresas de semillas y del sector agropecuario es político. El controvertido líder de la central sindical peronista, Hugo Moyano, apunta a destronar al jefe del sindicato de trabajadores rurales, UATRE, Gerónimo Venegas, un conservador que se pasó al peronismo opositor y se mantuvo firme junto a la dirigencia rural en la tristemente célebre guerra entre el gobierno y el campo. La presidenta Cristina Kirchner blanqueó públicamente su apoyo a Moyano en la maniobra contra Venegas.

Si bien la UATRE avanzó significativamente en mejorar las condiciones de trabajo rural y el blanqueo de peones rurales, la clase media urbana no conocedora de las duras condiciones del trabajo rural, por ahora firmemente simpatizante del campo, podría darse vuelta.

Por eso otra fuente del sector consultada asegura que el silencio de Nidera y otras empresas agropecuarias le puede jugar seriamente en contra a todo el sector agropecuario: «El que calla otorga, y si a Nidera la invitan a dar su versión en un programa de radio o TV no debería dejar la silla vacía. Las condiciones de trabajo rural se pueden convertir en una crisis para todo el sector».

Por ahora, la presión del gobierno contra el sector productivo más importante de la Argentina solo logró que la famosa «Mesa de Enlace» de las principales entidades se reunificara frente al enemigo común, esta vez por el trigo, a diferencia de la soja, en 2008. Pero las denuncias de «trabajo esclavo» o de «personal reducido a servidumbre» podrían convertirse en la primera cuña efectiva que logre meter el gobierno entre el sector agrario y la clase media urbana, que, hasta ahora, formaban una alianza letal para las intenciones electorales del gobierno.

Mientras tanto, las empresas y entidades vinculadas al sector están viendo cómo el issue bautizado por los medios oficialistas de «trabajo esclavo» puede convertirse en una seria crisis para todo el sector, como lo fue en 2006 una crisis que atravesó el sector textil por las inhumanas condiciones a las que se sometía a inmigrantes ilegales bolivianos en talleres irregulares.

Para Noguera, el issue «trabajo esclavo» es tan solo otro embate que se suma a los ataques mediáticos al sector por el uso del herbicida Round Up y el glifosato en el cultivo de la soja y no tendrá mayor repercusión en el largo plazo.

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