SegúnCarlos Ruiz Mateos, director de Llorente & Cuenca en Lisboa, esta “nueva dimensión de la gestión de la influencia (…) tiene todos los ingredientes para convertirse en un área relevante para la reputación de las organizaciones en los próximos años”.
Uno podría preguntarse cuáles son las ventajas concretas de inmiscuirse en la delicada relación entre gobiernos y ciudadanos. El experto de Llorente & Cuenca enumera cuatro ventajas que ofrece tomarse la ‘molestia’ de comprometerse con el entorno en que se opera:
*Una relación más emocional con el consumidor o cliente. Los grupos de interés asociados a la causa tendrán una experiencia de marca cercana, intensa y emotiva con la compañía.
*Mayor interacción con sus públicosporque se conquistan nuevos territorios para la conversación. Ese diálogo se va a producir en terreno de interés compartido donde la comunicación es mucho más fluida.
*Mejora la relación con el legislador. Los políticos tienen la percepción de que las compañías se les aproximan sólo movidos por el interés particular. El activismo corporativo es la mejor muestra de que el interés general también importa.
*Genera una ventaja competitiva. Si la iniciativa que se apoya tiene un efecto directo en todo su sector, la empresa está liderando el proceso de cambio o transformación de los estándares en la actividad.
“Ejercer la influencia para el bien común es una tendencia incipiente que irá asentándose en paralelo a la capacidad de los ciudadanos para presionar a las organizaciones públicas y privadas para que formen parte activa de la construcción social del Estado. Articular políticas públicas que impactan a todos y, por ende, importan y preocupan a todos, está dejando de ser de dominio exclusivo del sistema de partidos políticos con representación parlamentaria. Otros muchos agentes quieren tener voz propia. También las empresas”, señala Ruiz Mateos.
Casos
Unilever:En 2010 lanzó su ‘Sustainable Living Plan’, que buscar reducir su huella medio ambiental y mejorar la salud y el bienestar de mil millones de personas en todo el mundo. Desde entonces viene trabajando directamente con gobiernos de todo el mundo para promover regulaciones sanitarias que mejoren las condiciones de vida de los ciudadanos. Para ello ha creado un grupo de trabajo ad hoc dentro de su equipo de advocacy para integrar y coordinar estos trabajos
Mary Kay:Para visibilizar el problema de la violencia de género en los Estados Unidos, varias directoras de ventas de la compañía llevaron sus cadillac rosas y los estacionaron ante el Congreso. El departamento de Relaciones Gubernamentales de Mary Kay asumió el proyecto como propio y junto a varias organizaciones sociales diseñaron una campaña de activismo que desembocó en la aprobación de una ley contra la violencia hacia la mujer en 2006, bajo el mandato de George W. Bush.
H&M:La compañía ha puesto en marcha una iniciativa para conseguir que todos los países con fábricas textiles cuenten con una ley que defienda un salario mínimo digno para todos los trabajadores. El proyecto cuenta con la colaboración de sindicatos y ONG’s. En Bangladesh, por ejemplo, la empresa lleva más de un año presionando al Gobierno para que apruebe un salario mínimo obligatorio. El primer ejecutivo de la compañía, Karl-Johan Persson, se ha reunido en dos ocasiones con el ministro de Trabajo del país.
The Main Street Alliance:Los pequeños comerciantes de los Estados Unidos unieron su voz para luchar contra la falta de legislación que permite la ingeniería fiscal que las grandes corporaciones despliegan con el fin de reducir sus impuestos. Encargaron encuestas, enviaron miles de cartas y movilizaron a empresas y ciudadanos para visibilizar lo que ellos consideran un vacío legal. Hoy existen ya dos borradores de ley que van a ser presentadas en el Senado estadounidense.