Fiel a su estilo de no contradecir al gobierno, a esta acusación no surgió respuesta alguna por parte de líderes o instituciones empresarias, y algunos expertos en comunicación estiman que ante semejante señalamiento público, la falta de intervención del empresariado sobre la opinión pública puede ser altamente riesgosa para su imagen.
En uno de sus párrafos más polémicos, la Presidenta había dicho que “es necesario comenzar a hablar claramente porque parece ser que cuando se habla de los precios, los aumentara Moreno o los aumentara Cristina Fernández de Kirchner. Y mis queridos amigos y compañeros y los que no son compañeros, empresarios, comerciantes pequeños, medianos, chicos, regulares, los que ponen los precios son ustedes”.
En la última edición deLa Hora de Maquiavelose puede repasar el fragmento del discurso con la polémica denuncia de la mandataria argentina.
No hace falta estudiar economía para demostrar que la acusación de la presidenta, salvo situaciones muy puntuales y excepcionales, es falaz. Pero encuestas recientes están mostrando que cerca del 60 por ciento de los argentinos señalan a los empresarios como principales causantes del flagelo de la inflación, y algunos expertos en comunicación empresaria sostienen que el silencio ante esta absurda pero contundente acusación pública de ser los culpables de la inflación en Argentina es riesgoso.
Pablo Abiad, CEO de la filial argentina de la consultora de origen español Llorente & Cuenca, advierte que ninguna empresa debería emprender una lucha solitaria para esclarecer sobre el origen de la inflación ante la opinión pública.
“No le recomendaría a ninguna empresa que, sola, se genere ningún foco de conflicto nuevo o agrave los que tenga”, dice Abiad, pero inmediatamente recomienda planificar una respuesta institucional. “Las instituciones empresariales en general sí debieran tomar nota de cómo está evolucionando la opinión pública en relación a los temas políticos y -sobre todo- a la visión del propio empresariado. Y, en esa línea, pensar no necesariamente en peleas frontales, pero sí en la generación de corrientes de opinión que contemplen mejor sus mensajes. El empresariado también debe mejorar su relación con la sociedad”.
Por su parte, el consultor Roberto Starke, sostiene que “la frase que dice que el principal responsable de la remarcación de precios es el empresario es una idea que la gente cree a pié juntilla. Seis de cada diez argentinos no solo creen esto sino que consideran que los responsables de la inflación son los empresarios y comerciantes. Los diferentes gobiernos se recuestan en esta creencia e insisten con ella”, explica Starke, experto en comunicación política y asuntos públicos de la agencia Diez Infomedia.
Las encuestas mostraban seis años atrás que había una clara mayoría que señalaba a la política económica como culpable de la inflación. Sin embargo el gobierno dio todas las señales para desviar la culpa a las empresas, y ante el silencio del empresariado, la estrategia comunicacional gubernamental terminó funcionando aun pese a su obvia contradicción: el gobierno niega públicamente que en Argentina haya inflación, pero le echa la culpa de ella a los empresarios. Una reciente encuesta del encuestador Raúl Aragón muestra claramente que el 60 por ciento cree que los principales culpables de la inflación son los empresarios.
Starke, asesor de políticos y empresarios, se pregunta: “¿Es acaso culpa de los políticos que esta idea se repita a lo largo de distintos gobiernos? ¿Es la gente la equivocada que no sabe distinguir la realidad? ¿Son los empresarios los responsables de no dar su versión? En cada una de estas preguntas y sus respuestas hay algo de cierto. Pero son los empresarios los principales protagonistas y por lo tanto responsables de vociferar su versión”, sostiene Starke.
El consultor de Infomedia se pregunta: “¿Por qué no sucede? Porque sus dirigentes empresariales prefieren callar, antes que embarcarse en una batalla que implicará mucho tiempo, muchos recursos y cuyas consecuencias no conocen. Los empresarios no están para hacer política, por lo menos la mayor parte de ellos. Tampoco para disputar terreno en los medios a los políticos. Están para ocuparse de que sus empresas crezcan y prosperen, y sus rentas se ensanchen”.
Starke vuelve a preguntarse: “Pero entonces, ¿por qué se quejan? En realidad se quejan en privado y no todos, sino solo algunos de ellos. La mayoría concuerdan con hacer silencio y prefieren negociar en privado. No están dispuestos a una larga y farragosa batalla cultural que exigiría liderazgo y organización. No hay necesidad de hacerlo. Sobreviven bastante bien incluso soportando esta y otras culpas. ¿Será que a lo mejor son un poco culpables?