Los datos de 2007 de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONS) señalan que una de cada cuatro personas experimenta síntomas de enfermedades mentales, y, aunque use una métrica sutilmente diferente, el estudio de la PRCA sugiere que el índice de incidencia de enfermedad mental en los profesionales de relaciones públicas es más alta que el promedio nacional.
La ONS también dice que los británicos se piden 15 millones de días por año por estrés y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico estima que la salud mental cuesta a la economía 103 mil millones por año.
Entonces, ¿qué dicen los resultados de la PRCA sobre el bienestar mental de la industria y cómo debería tratarse la dañina cultura del “no pregunte, no diga” que perpetúa el estigma de la enfermedad mental?
Francis Ingham, el director general de la PRCA, dijo: “Los resultados me preocupan. Que cerca de uno de cada dos encuestados tenga o haya tenido un problema en su salud mental es una cifra alarmantemente alta. Claramente, tenemos que tomar este asunto más seriamente”.
Entre el casi 34% de los encuestados que contestó “sí” a la pregunta “alguna vez ha sufrido o ha sido diagnosticado con un problema en su salud mental”, algunos dieron detalles del tipo específico de enfermedad que habían sufrido. La mayoría dijo depresión, ansiedad y ataques de pánico, o una combinación de las tres.
Sin embargo, a pesar de la severidad de los desórdenes mentales que muchos de los profesionales de la industria han experimentado, apenas una minoría sintió que podía hablar sobre ello con su jefe o incluso con un colega.
Más del 60% dijo que se sentiría “no muy cómodo” o “muy incómodo” hablando sobre su problema en el lugar de trabajo.
Emma Mamo, jefe de Bienestar en el lugar de trabajo de la ONG Mind, dice: “Esto claramente demuestra una cultura de miedo y silencio, en la que a los empleados les preocupa contarles a sus jefes que están estresados, temiendo ser percibidos como débiles, incapaces de adaptarse, o perder su trabajo”.
En el mismo sentido, Ingham dice que la cultura de “no pregunte, no diga” no puede continuar. “Es tiempo de que los líderes de las agencias reconozcan que este no es un tema que puede ser barrido bajo la alfombra y considerar cómo pueden generar un espacio abierto para la discusión sobre la salud mental en sus organizaciones”, agregó.