
El Fyre Festival fue catalogado como el «nuevo Coachella». Emplazado en la paradisíaca isla de Exuma, en las Bahamas, el evento musical, con artistas como Blink 182, Disclosure, Migos y Ja Rule, fue presentado como un evento de lujo.
“Esa fantasía se evaporó instantáneamente cuando los asistentes compartieron imágenes de tiendas de emergencia, montones de basura, comida no comestible y perros vagabundos.
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A medida que se compartía más información sobre las malas condiciones, la pregunta que todos se hacían era: ¿cómo sucedió esto? Y, además de los organizadores, ¿qué responsabilidad les cabe a las celebridades influyentes como Kendall Jenner, Bella Hadid y Emily Ratajkowski?”, se preguntó Dani Simpson, presidenta de Pure Growth Consulting, en una nota publicada en PRWeek.
El marketing a través de influenciadores en redes sociales fue la principal herramienta utilizada por los promotores para vender el evento al público, y llevó a los aficionados a una experiencia decepcionante. El sitio Vice estimó que probablemente pagaron a Jenner casi 250 mil dólares por un post y 20 mil o más a otros influyentes.
La Comisión Federal de Comercio norteamericana, que en parte regula la publicidad para proteger y educar a los consumidores, está cada vez más estricta con el marketing de influenciadores, multando a los marketers por publicidad engañosa. Los influenciadores también están obligados a revelar su participación y, en el caso de Fyre, muchos no lo hicieron. Además, a medida que la información sobre el fracaso del festival fue saliendo a la luz, varios influenciadores eliminaron sus posts vinculados al evento y muchos ni siquiera emitieron una disculpa por su participación.
“Los influenciadores, y las marcas que los contratan, tienen que ser transparentes o pagarán con su reputación y sus billeteras. Tienen que asumir la responsabilidad por el peso de sus marcas personales y el impacto que su influencia puede tener en sus seguidores. Podría ayudar a todos a evitar el desastre”, concluyó Simpson. [/wcm_restrict]