Sin embargo, ambos
casos tienen algo en común: la poca paciencia de la opinión pública
alemana ante mínimas sospechas de corrupción, o lo que en algunos países
latinoamericanos sería considerado una bagatela: las sospechas contra
el vocero Glaeseker apuntan a haber recibido dádivas de la empresa de
organización de eventos Manfred Schmidt, contratado por Glaeseker. A
cambio de ser contratado para organizar el Diálogo Norte-Sur, el vocero
habría pasado vacaciones sin cargo en la mansión de veraneo en la costa
catalana del organizador de eventos alemán, considerado el “rey de la
sociedad alemana”. Todas las viviendas y oficinas del ex vocero del
presidente fueron allanadas: en Hannover, Berlín y Suiza. El atribulado
presidente alemán había echado sin dar explicaciones a su vocero antes
de Navidad, justo horas antes de que saliera publicada la primera
investigación periodística, a cargo de la revista Stern, sobre las
dádivas al asesor de comunicación.
Ya antes de eso, Wulff había
sido duramente criticado por amenazar al editor del diario
sensacionalista Bild, el de mayor tirada de Europa, con no darle más
información si no frenaba la nota que destapó el affaire de su préstamo
personal dudoso. El diario no solo que no le obedeció, sino que contó
públicamente sobre el llamado amenazante de Wulff, que fue grabado.
Si
bien aún no habría en el affaire del vocero una acusación contra el
presidente alemán, que funciona como jefe de estado y no de gobierno
(ese es el cargo de Angela Merkel), sí está siendo investigado por la
legislatura del estado de Baja Sajonia por haber ayudado a la misma
empresa organizadora de eventos a conseguir sponsors para la serie de
conferencias Norte-Sur. Uno de los patrocinadores de ese evento privado,
la financiera y aseguradora Talanx, mostró un e-mail directamente
enviado por el entonces gobernador pidiendo el auspicio.
Desde
que estalló la crisis, la oposición pide insistentemente la renuncia del
presidente, mientras que, por ahora, la primera ministra Merkel lo
respalda.
Los medios alemanes, que sostienen que Wulff no habría
llegado a la presidencia sin el asesoramiento de su comunicador y mano
derecha, especulaban el fin de semana con que el despido del vocero
podría ser un intento por encontrar un chivo expiatorio y detener la
crisis que afecta a Wulff y que salpica a su mentora, la propia primera
ministra Merkel.