
Burson-Marsteller compensó en marzo la pérdida de Telefónica a manos de Llorente & Cuenca con un par de cuentas interesantes: por un lado tomó al gigante de cosmética Avon, que durante años contrataba a Llorente, pero también pudo anunciar que ganó Braskem para la comunicación en la Argentina de este gigante químico brasileño que pertenece al atribulado grupo Odebrecht. Burson tiene la cuenta de Braskem en Brasil, de donde es oriunda Odebrecht. Esta empresa durante los últimos años descendió a los infiernos de la mala imagen por el megaescándalo internacional de sobornos a políticos a cambio de obra pública, y la meta principal y obvia es que Braskem, la química más poderosa de América latina, no se vea contaminada por los coletazos políticos del escándalo. Odebrecht comparte con la petrolera semiestatal brasileña Petrobras la propiedad de Braskem.
En la Argentina no posee plantas, pero cuenta con una central de ventas para el Cono Sur.
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Avon, una empresa de cosméticos de venta directa de origen estadounidense, venía de contratar desde hace años a la filial local de la española Llorente & Cuenca, mientras que la española Telefónica tenía como agencia de PR en Argentina a la agencia de origen estadounidense Burson-Marsteller: un irónico realineamiento y enroque de nacionalidades en un mundo que vuelve al “compre nacional” de la mano del nuevo proteccionismo estadounidense.
Burson recientemente fue fusionada por su dueña, el holding WPP, con Cohn & Wolfe por lo que, con el tiempo, pasará a llamarse en todos los mercados Burson-Cohn & Wolfe.
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