
Sir Martin está dispuesto a sus 70 años a reconstruir el Frankenstein que le arrebataron. Martin Sorrell, creador de cero del gigante WPP -que lo echó supuestamente por hacerse pagar una prostituta con el presupuesto de la empresa- se lanzó a un verdadero tour de shopping de agencias con su nueva creación, S4 Capital.
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Mientras tanto, en Londres una atribulada WPP dejó el tradicional edificio corporativo de Farm Street elegido por su padre, Sir Martin, para dar una señal más de cortar todo lazo con el odiado factotum que convirtió una fábrica de carritos de supermercados en el mayor holding de agencias de comunicación y marketing del mundo.
Más allá de lo simbólico de la mudanza, WPP está en serios problemas: la punta del iceberg emergió con una demanda que le inició en Canadá su filial brasileña de RR.PP., Maquina da Notícia, por falta de pago de la venta firmada en 2015 con la pluma del propio Sorrell.
El resto del iceberg que emergió con el despido de Sorrell luego de 33 años de fundar el holding es enorme. Se suman unos 500 juicios entre societarios y laborales: todos los días aparece como mínimo uno nuevo.
En el caso de Máquina, la fundadora, la periodista y RR.PP. Maristela Mafei, fue a la justicia por un laudo arbitral en reclamo de unos 30 millones de dólares.
En la Argentina, mientras tanto, su ex socio en las agencias de publicidad Young & Rubicam y la de PR Burson-Marsteller, Darío Straschnoy, también sigue litigando desde hace 4 años contra WPP, aunque, obviamente, su demanda es anterior a la partida de Sorell del holding inglés.
Pero en todos los casos, el origen de los litigios es el mismo: falta de pago de acuerdos firmados.
En realidad, tampoco se puede decir que la culpa del acoso judicial sea de los herederos que le arrebataron WPP a Sorrell. Las demandas se dispararon con el apartamiento del empresario de origen judío húngaro ordenado noble por la reina. Pero WPP venía tecleando financieramente desde el último año, y ese fue el verdadero motivo para que los accionistas echaran a su fundador: cobraba un sueldo de 70 millones de dólares anuales, y la acción había bajado a la mitad en un año. Era la peor performance de los cinco grandes holdings de comunicación (con las francesas Publicis y Havas y las norteamericanas Interpublic y Omnicom), y si al holding inglés le hubiese ido bien, los accionistas probablemente habrían festejado que se pagara una prostituta con dinero de la empresa. De hecho, Sorrell siempre negó esa escandalosa acusación.
De todos modos, el propio Sorrell tiene que enfrentar una demanda de WPP porque su primera compra desde S4, la agencia digital holandesa MediaMonks, la habría hecho basando el análisis de riesgo que habrían hecho sus entonces empleados del holding. La demanda es por uso de información confidencial. De hecho, fuentes de WPP dicen que algunos de esos mismos empleados le siguen pasando a Sorrell información de potenciales adquisiciones para su nuevo holding con la esperanza de dar el salto a la nueva empresa ante una posible ola de ajustes y despidos en la antigua WPP.
Mientras tanto, Sorrell, que siempre fue un expositor compulsivo en congresos y cumbres de todo tipo, está más activo que nunca dando charlas. Una de ellas la daría en Buenos Aires la última semana de septiembre en el festival de publicidad FIAP. Pero el verdadero motivo de la visita es continuar con su paseo de shopping, visitando algunas agencias digitales argentinas para evaluar adquisiciones. Después de todo, se hizo bastante amigo del presidente Mauricio Macri, y la Argentina pinta hoy, en libras, euros o dólares, una verdadera ganga. Pero el foco estará en la publicidad y la comunicación digital. “Agencias tradicionales de PR, abstenerse”, dice un conocedor del mercado. “Para Sorrell no estarían dando hoy la rentabilidad necesaria”.
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