
¿Son una moda pasajera? Desde hace meses el mundo del marketing parece haber descubierto el Santo Grial para vender, evitando invertir en publicidad tradicional en medios de comunicación: los influencers. Esta nueva casta de youtubers, ídolos del deporte o famosos en diversas disciplinas llegarían mejor a los millenials, que no le prestan atención a los medios tradicionales. ¿Pero realmente los influencers mueven el amperímetro de las ventas?
Dos ex Google argentinos tienen visiones contrapuestas: Alberto Arébalos fue director regional de comunicación del buscador y plantea la duda de si los influencers influyen realmente en ventas. Tomás Odell se desempeñó como gerente a cargo del vínculo con los medios. Arébalos dirige una agencia de PR regional, Milenium Group, y Odell abrió su propia agencia de influencers, Somos Fans.
Es bueno oponer sus argumentos para llegar a la conclusión de si los millones que las empresas gastan en los supuestos influencers están bien inveritdos.
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Arébalos, en una columna en la revista mexicana de economía y negocios Expansión, asociado a la CNN, sostiene que es dinero derrochado.
“Existe un secreto a voces desde hace años que muy pocos quieren reconocer en voz alta: la publicidad, por sí sola, y en una creciente gama de productos y servicios, ya no genera ventas”, sostiene Arébalos.
El argentino basado en Miami agrega que “vivimos en un mundo atosigado de mensajes, nadamos (y nos ahogamos) en un océano de información de todo tipo en el que las marcas compiten en medios tradicionales y digitales por nuestra atención. Nuestro día sigue teniendo 24 horas y sin embargo hemos podido incrementar la capacidad de digerir información de una manera asombrosa, aunque hemos aprendido a filtrar mensajes, y sobre todo los publicitarios”.
Y va al punto: “desde deportistas famosos hasta jóvenes youtubers, entraron en el mundo de los influencers, se crearon agencias para vincular marcas con estos personajes formulándose toda una teoría al respecto. ¿Impacto?, dudoso por decir lo menos”.
Arébalos afirma que “durante años, las marcas les han estado pagando a personas, supuestamente como nosotros, para mencionar sus productos en mensajes en medios sociales sin sentido y fácilmente ignorados. Resulta irónico que el fabricante de un producto le pague a alguien para que alabe a su marca. Si toda la teoría del influencer era que “alguien como yo: me recomienda algo”, ¿qué valor tiene si ese alguien “como yo” está pagado y su opinión no es libre?”.
Arébalos agrega que “muchas marcas comenzaron a darse cuenta de que los perfiles de Vine o Instagram de algunos de esos influencers no estaban haciendo volar las botellas de champan o las zapatillas de sus estanterías; sus seguidores no eran consumidores”.
¿Será así? Arébalos remata: “Aparentemente, mis preferencias sobre calzado deportivo no dependen de las que tenga el goleador de mi equipo, a quien sigo porque cada domingo grito sus goles, pero a la hora de decidir qué zapatillas me calzo probablemente no sea él quien me convenza, porque además sé que su foto en Twitter está pagada por la marca que lo patrocina”.
Su ex colega Tomás Odell, que desde su agencia de influencers trabaja para marcas como Coca-Cola, DirecTV, Gamma, Disney o Chevrolet, sostiene que “los influencers son los triunfadores en la meritocracia de contenido digital. Se hicieron solos y de abajo. Vienen de canales con enorme competencia, sin embargo ellos solos consiguieron triunfar en el mundo de la publicidad. Los influencers saben perfectamente qué marca pueden recomendar, y, si lo hacen, es porque ellos creen en esas marcas, no lo hacen solamente porque les pagan. Sus seguidores lo saben, por eso generan influencia”.
Odell recalca: “Si hay confluencia entre la marca y el influencer, el retorno sobre la inversión viene solo”.
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